El tratado Súplica a favor de los Cristianos (título original en griego koiné: Πρεσβεία περὶ τῶν Χριστιανῶν; conocido universalmente en la erudición occidental por su nomenclatura latina, Legatio pro Christianis) se inscribe de manera unívoca como uno de los pilares más sofisticados de la literatura apologética griega temprana. Marca un punto de inflexión donde la fe cristiana asume las categorías ontológicas del platonismo medio y la retórica estoica para entablar una defensa filosófica de primer nivel frente al Imperio Romano.
1. Clasificación y Transmisión Crítica
Esta obra no pertenece a los Padres Apostólicos, dado que su horizonte teológico ya no es el de la inmediatez de los discípulos de los apóstoles, sino el de la confrontación sistemática e intelectual. Tampoco es un documento apócrifo ni gnóstico. Se erige como una cristalización de la inculturación del dogma cristiano, valorada históricamente por su prematura y exacta articulación de la doctrina de la Trinidad, anticipando el vocabulario de los concilios del siglo IV.
El Idioma Original: La Segunda Sofística
El texto fue compuesto en griego koiné, pero ostenta una pátina lingüística sumamente particular: está redactado en un estilo aticista altamente depurado. Este rasgo lo vincula directamente con el movimiento retórico de la "Segunda Sofística" imperante en el siglo II d.C. El autor imita deliberadamente la sintaxis laberíntica y cadenciosa de los grandes oradores clásicos de Atenas (como Demóstenes o Tucídides), utilizando largos periodos parentéticos y complejos hipérbatones.
El Milagro de la Transmisión Manuscrita
La supervivencia de la Legatio dependió históricamente de un hilo finísimo. Casi toda su tradición textual se remonta a un único arquetipo bizantino forjado en el siglo X.
| Códice / Manuscrito | Datación | Origen y Relevancia Crítica |
|---|---|---|
| Codex Parisinus Graecus 451 (Sigla: A) | 914 d.C. | El manuscrito más antiguo conservado y el arquetipo de la Legatio. Copiado por el calígrafo Baanes por encargo de Aretas, Arzobispo de Cesarea. Presenta corrupciones sintácticas por la incomprensión medieval del estilo aticista. |
| Codex Marcianus Graecus 496 | Siglo XI | Origen monástico bizantino. Secundario, derivado de la misma tradición, pero vital para el escrutinio filológico moderno al subsanar errores y lagunas gramaticales del Parisinus. |
2. Origen, Contexto y Datación
Autoría: El Filósofo Ateniense
La atribución tradicional señala a Atenágoras el Ateniense ("filósofo y cristiano"). Pese al escepticismo inicial generado por el silencio historiográfico de figuras como Eusebio o Jerónimo (quienes no lo mencionan en sus catálogos), la academia moderna (Schoedel, Marcovich, Pouderon) avala firmemente su autoría. La profunda coherencia interna y su impecable aticismo confirman a Atenágoras como un filósofo converso real que retuvo su manto filosófico (el tribon).
La leyenda posterior de Felipe de Side, que ubica a Atenágoras como el fundador de la Escuela Catequética de Alejandría, es rechazada unánimemente por la crítica actual por carecer de fiabilidad histórica, dejando a Atenágoras como un brillante erudito intelectualmente independiente.
La Precisión de la Datación Imperial
La datación de la obra goza de una certidumbre matemática gracias al protocolo epistolar. Está dirigida a Marco Aurelio Antonino y a su hijo Lucio Aurelio Cómodo, titulados "conquistadores de Sarmacia". Dado que Marco Aurelio adoptó el título Sarmaticus a finales del 175 d.C., y Cómodo fue elevado a co-regente (Augusto) en noviembre del 176 d.C., la redacción final se enclava rigurosamente alrededor del año 177 d.C., antes de la muerte de Marco Aurelio en el 180 d.C.
Comunidad y Sitz im Leben Legal
El contexto vital es el de una comunidad cristiana (probablemente en Atenas o Alejandría) enfrentándose al aparato legal romano. El mero "Nombre" de cristiano (nomen ipsum) seguía siendo un delito de estado. Se les acusaba de "ateísmo", canibalismo (banquetes de Tiestes) e incesto (uniones de Edipo). El tratado surge como una urgencia de supervivencia para demostrar, en el propio lenguaje de las élites, que estas difamaciones eran lógicamente insostenibles.
3. Análisis Literario y Estructural
Estructuralmente, la obra adopta el ropaje retórico y formal de un libellus o presbeia (una súplica legal, petición o embajada). Su tono forense e imparcial contrasta con las exégesis beligerantes de apologistas como Taciano. En lugar de abusar del Antiguo Testamento (ininteligible para el pagano), Atenágoras recopila doxografía filosófica, mitografía y poesía épica para desmontar las calumnias cívicas (flagitia).
El consenso literario actual sugiere que se trata de una ficción literaria en su entrega física: es improbable que fuera declamada ante Marco Aurelio; su propósito era dotar de munición discursiva a la propia comunidad cristiana interpelando indirectamente a las élites intelectuales del imperio.
Bloques Refutativos de la Súplica
I. Exordio y Petición Procesal (Caps. 1-3)
Atenágoras demanda equidad legal (aequitas). Expone la injusticia jurisdiccional: todas las naciones del Imperio preservan sus cultos, mientras los cristianos son ejecutados por un nombre. Enumera los tres cargos a refutar: Ateísmo, Canibalismo e Incesto.
II. Refutación del Ateísmo (Caps. 4-30)
El núcleo teológico de la obra. Demuestra la unicidad de Dios apelando a Platón, Pitágoras y Eurípides. Expone tempranamente la doctrina trinitaria (Padre, Hijo y Espíritu) para invalidar el cargo, y desarrolla una demonología exhaustiva para explicar el engaño detrás de la adoración a los ídolos materiales.
III. Refutación del Incesto (Caps. 31-34)
Rechaza las "uniones de Edipo". Defiende el encratismo moral cristiano: los creyentes evitan pecar incluso en el pensamiento. Expone una ética conyugal estricta (restringida a la procreación) y condena las segundas nupcias tachándolas de "adulterio encubierto".
IV. Refutación del Canibalismo (Caps. 35-36)
Niega los "banquetes de Tiestes". Argumenta que quienes rechazan ver los espectáculos de gladiadores aborrecen la sangre. Corona el texto con una férrea defensa ética de la vida intrauterina y la necesidad filosófica de la resurrección final de los cuerpos.
4. Teología, Ideología y Cosmología
La estructura especulativa de Atenágoras se asienta en un monoteísmo rígidamente racionalista. Es el primer pensador que intentó demostrar la unicidad de Dios mediante pruebas puramente lógicas y metafísicas, abrazando la teología apofática del platonismo medio: Dios es incorpóreo, increado e impasible.
El Trinitarismo Temprano: Dynamis y Taxis
Para defenderse del politeísmo, Atenágoras formula una de las declaraciones proto-ortodoxas más impresionantes del siglo II (Cap. 10): "¿Quién no se asombraría al oír que se llama ateos a hombres que admiten a Dios Padre, a Dios Hijo y al Espíritu Santo, que muestran su poder en la unidad y su distinción en el orden?"
Atenágoras utiliza dynamis (unidad de esencia/operación) y taxis (distinción relacional). Blinda la inmutabilidad de Dios aclarando que el Logos no fue creado de la nada (oux hos genomenon), sino que habitaba eternamente en Dios como su Mente (nous). No obstante, opera bajo el subordinacionismo relacional típico de los apologistas de su era, empleando una emanación lumínica (aporrhoia) para el Espíritu Santo, como un rayo que fluye del sol.
Demonología Enoquiana y Mitos de los Vigilantes
La cosmología de Atenágoras integra el Platonismo con la apocalíptica judía del Segundo Templo (1 Enoc). Explica la idolatría argumentando que los ángeles delegados para administrar el cosmos transgredieron su naturaleza, uniéndose con mujeres y engendrando gigantes/demonios. Sin embargo, su innovación reside en la psicologización del mal: los demonios no solo operan materialmente, sino que intervienen internamente incitando pasiones irracionales, anticipándose a la doctrina de los logismoi del monacato del desierto.
La Ética Bioética y el Embrión
En el capítulo 35, Atenágoras erige uno de los pilares de la moralidad provida cristiana para refutar la acusación de asesinato ritual:
"Cuando decimos que las mujeres que usan drogas para provocar el aborto cometen asesinato... ¿bajo qué principio podríamos nosotros cometer asesinato? No es coherente que la misma persona considere al feto en el útero como un ser creado y objeto del cuidado de Dios, y luego, cuando ha llegado a la vida, lo asesine."
5. Descubrimiento, Recepción y Debate Actual
El derrotero histórico del texto es un enigma. Pese a su brillo literario, el autor y la obra cayeron en el olvido más impenetrable tras el siglo III. Ireneo, Eusebio y Jerónimo no dejaron constancia de su existencia. Durante casi mil años, el texto estuvo borrado de la memoria de la cristiandad.
Su recuperación fue obra del arzobispo Aretas de Cesarea y su calígrafo Baanes, quienes forjaron el códice Parisinus Graecus 451 en el año 914 d.C. Resucitada en el Renacimiento bizantino, la obra arribó a Europa occidental y fue finalmente impresa (editio princeps) en París en 1557, deslumbrando a los círculos humanistas.
En el panorama actual, los debates académicos (liderados por Bernard Pouderon) gravitan sobre su rechazo a las segundas nupcias, su teología prenicena subordinacionista y la naturaleza ficticia o real de la presentación del libellus ante Marco Aurelio.
6. Estado Fragmentario: El Códice y la Papirología
La obra no es fragmentaria en su estructura (conserva exordio, cuerpo y epílogo), pero el texto filológico está asediado por profundas lagunas sintácticas. El aticismo laberíntico de Atenágoras, repleto de periodos parentéticos inmensos, abrumó a los copistas medievales como Baanes. Los escribas alteraron inflexiones, omitieron conjunciones y sufrieron de homoioteleuton, fracturando la lógica de párrafos enteros.
La Confirmación en Oxirrinco y Londres
La recuperación moderna del texto original se ha apoyado decisivamente en la papirología:
- Papiro P. Oxy. 1778: Descubierto en Egipto (siglo IV d.C.), preserva el final del capítulo 5 y el 6. Su vocabulario ratifica la fiabilidad estructural básica de la tradición bizantina contra la idolatría de los elementos naturales.
- Papiro P. Lond. 2486: Adquirido por el British Museum (principios del siglo IV). Contiene el majestuoso capítulo 15, validando que el corazón del argumento ético y de caridad cristiana residía efectivamente en los estratos primitivos del siglo IV en Egipto.